1885 – 1900 LOS ORÍGENES. PRIMERA LLAMADA A LA AVENTURA

CASARES JUANMA GIL 20 OCTUBRE 2011
Día 5 de Julio del año 1885. Pueblo, Casares, en la serranía de Ronda, con el mar y África visibles desde sus rocas. Calle, Carrera, casa de labradores de clase media. Su padre, Luis Infante Andrades le dijo a su hijo: “Ven hijo mío. Yo que arrullé tu nacimiento quiero conducirte a cumplir el fin que resta a tu vida... Comienza por descubrir la libertad”. El padre es abogado de poca suerte que trabaja en el Juzgado del pueblo. La madre Ginesa Pérez de Vargas y Romo es una mujer animosa, sencilla y cordial. Blas siempre la adoró. Su hermano, Ignacio, compañero de correrías de su infancia.

La Málaga de aquellos años, profunda, explotada, jornalera y aislada, donde jornaleros diariamente parten al campo antes del amanecer y vuelven después de haber caído la oscuridad; donde en época de sequía o fuera de temporada agrícola los jornaleros se amontonaban por las calles y suplicaban a los señoritos terratenientes alimentos.

“Allá, en mi Sierra de Casares, durante los crepúsculos inefables, yo contemplaba a los campesinos caminando a lo largo de las sendas pedregosas, después del trabajo agobiante de entonces, de sol a sol, empapados por el sudor del verano, y por la lluvia en el invierno. Volvían macilentos, apagados, retorciendo en los labios un cante que no era más que la pronunciación dolorosa de un retorcimiento en la propia entraña” (Orígenes de lo flamenco y del cante jondo, pág. 150, edic 1980 – Blas Infante).

Permanece en su pueblo natal hasta los 11 años, que interna en Los Escolapios de Archidona para estudios superiores, el bachillerato.

“Aquel inquieto y monótono centro desde cuyo observatorio veía yo gente al trabajo”... y
“La Puerta de Guiropa”, un portón por el que los Escolapios repartían un guisote hecho de las sobras... y ...
“El Kushará y paso atrá”... y ...
(Enrique Iniesta, Blas Infante. Toda su verdad. Volumen I 1885-1919. pág. 35 edic. año 2000)

Ve pasar el hambre por las calles y siente el pesar de la pobreza. Le resulta una experiencia indecible y le sella de tal manera, que le acompañará toda su vida como una sombra. Esta es la razón de su aventura:

“Yo tengo clavada en la conciencia, desde mi infancia, la visión sombría del jornalero. Yo le he visto pasear su hambre por las calles del pueblo, confundiendo su agonía con la agonía triste de las tardes invernales; he presenciado cómo son repartidos entre los vecinos acomodados, para que éstos le otorguen una limosna de trabajo, tan sólo por fueros de caridad; los he contemplado en los cortijos, desarrollando una vida que se confunde con la de las bestias; les he visto dormir hacinados en las sucias gañanías, comer el negro pan de los esclavos, esponjado en el gazpacho mal oliente, y servido, como a manadas de siervos, en el dornillo común; trabajar de sol a sol, empapados por la lluvia del invierno, caldeados en la siega por los ardores de la canícula; y he sentido indignación al ver que sus mujeres se deforman consumidas por las miserias en las rudas faenas del campo; al contemplar cómo sus hijos perecen faltos de higiene y de pan; cómo sus inteligencias se pierden, atrofiadas por la virtud de una bárbara pedagogía, que tiene un templo digno en escuelas como cuadras, o permaneciendo totalmente incultas, requerida toda la actividad, desde la más tierna niñez, por el cuidado de la propia subsistencia, al conocer todas, absolutamente todas, las estrecheces y miserias de sus hogares desolados. Y, después, he sentido vergüenza al leer escritores extranjeros que el escándalo de sus existencia miserable ha traspasado las fronteras, para vergüenza de España y de Andalucía”. (Blas Infante. Ideal Andaluz. Pág. 80, edic. 1982).
A Casas, su amigo catalán le escribiría años después: “Abrazados al jornalero, que es ir abrazados a Andalucía, ya sabíamos que habíamos de avanzar muy poco”.

“La profundidad de la falta de identidad, tanto de pueblo como de clase, la tragedia de los niños sin pan, los adolescentes sin escuela, los campesinos sin trabajo, las mujeres olvidadas... configuran el firme irregular de la Andalucía de su niñez”.
(Antonio Muñoz Sánchez Con razones de niño, pág.19, edic 1985 Editorial ALFAR)

“Nosotros aseguramos que un pueblo no se improvisa. Es la estatua que más se tarda en modelar, la que más constancia necesita y derroche de inspiración requiere” (Blas Infante. La Dictadura Pedagógica, pág 89 edic. 1921 y misma página en la edición fascimil de 1989.).

Pero en Los Escolapios, “me enseñaron el respeto a la conciencia y a la rectitud moral”. (Enrique Iniesta, Blas Infante. Toda su verdad. Volumen I 1885-1919)

Durante las vacaciones escolares va por los campos a “intentar ilustrar campesinos”, según sus propias palabras. La enseñanza de la lectura y la escritura como principios básicos de la formación inicial.

A los 15 años concluye el bachillerato, haciendo el último curso por libre.
“hubo un anhelo de aprender y otro de enseñar; aprendiendo y enseñando, en cuya coincidencia efusiva está el alma de la escuela” (Fundamentos de Andalucía. Pág 284, edic 1983. Blas Infante).

“el alma de la escuela se forja con el anhelo del discípulo que quiere aprender y por el maestro que quiere enseñar”. (Entrevista de Blas Infante con Francisco Lucientes. El Sol, 11 de junio de 1931).

Blas Infante